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Operación Conurbano

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Por Gabriela Diker / DEL TERRITORIO COMO MARCA DE IDENTIDAD AL ESTIGMA / El significante “universidadesdelconurbano” se ha cargado de sentidos que desbordan la pura descripción respecto de la ubicación y el ámbito de actuación de las trece universidades localizadas en distintos partidos del Gran Buenos Aires y englobadas bajo esa denominación. Asociado a la inclusión educativa y social de miles de jóvenes y a la posibilidad de desarrollo de una región invisibilizada por décadas, también se convirtió en portador de significaciones basadas en prejuicios, construidos fundamentalmente por los medios de comunicación, que se sobreimprimieron a una identificación política común colmada asimismo de connotaciones negativas. Notas para..

DEL TERRITORIO COMO MARCA DE IDENTIDAD AL ESTIGMA / El significante “universidadesdelconurbano” se ha cargado de sentidos que desbordan la pura descripción respecto de la ubicación y el ámbito de actuación de las trece universidades localizadas en distintos partidos del Gran Buenos Aires y englobadas bajo esa denominación. Asociado a la inclusión educativa y social de miles de jóvenes y a la posibilidad de desarrollo de una región invisibilizada por décadas, también se convirtió en portador de significaciones basadas en prejuicios, construidos fundamentalmente por los medios de comunicación, que se sobreimprimieron a una identificación política común colmada asimismo de connotaciones negativas. Notas para poner en discusión una operación que convierte una identidad en etiqueta invocando estigmatizaciones inaceptables, y para repensar cómo ciertas concepciones coadyuvan a la elaboración de una representación sesgada de estas instituciones y a la puesta en cuestión del alcance y la validez de su producción académica.

Por Gabriela Diker
Doctora en Educación. Rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

Fotos: Sebastián Miquel

Forma parte de la más antigua tradición de la Universidad su identificación con el territorio en el que está implantada. En efecto, desde las primeras universidades medievales (Bolonia, París) hasta las de creación más reciente, en casi todos los países del mundo suelen portar en su nombre la marca de la ciudad, provincia, región geográfica o país del que forman parte. De alguna manera podríamos decir que su rasgo de identidad primero y más distintivo es su marca territorial.(1)

En las últimas dos décadas, en la Argentina se ha producido, en relación con este asunto, un fenómeno particular. Un conjunto de universidades, identificadas ya por la ciudad o el municipio al que pertenecen, han quedado inscriptas informalmente en una delimitación territorial más amplia: el Conurbano bonaerense.

En principio, la denominación de las trece universidades ubicadas en alguno de los veinticuatro partidos del Gran Buenos Aires como universidades del Conurbano podría considerarse puramente descriptiva. Podríamos sostener, en efecto, que esta marca territorial “adicional” solo describe de manera más amplia la ubicación y el ámbito de actuación privilegiado de las universidades que se localizan en una región a la que, aun con todas sus heterogeneidades internas, se le reconoce unidad en términos económicos, sociodemográficos y ocupacionales.(2) Sin embargo, es claro que el significante “universidadesdelconurbano” se ha cargado de un conjunto de sentidos que desborda la pura descripción de su territorio de actuación.

En principio, por supuesto, un sentido político evidente. Es en conjunto, que la creación de cinco universidades bajo el gobierno menemista y siete más en los años kirchneristas vinieron a saldar una deuda histórica con la región más densamente poblada de la Argentina, atravesada por indicadores socioeconómicos muy complejos, que hasta allí contaba con solo una universidad.(3) En este sentido, el significante “universidadesdelconurbano” quedó asociado a la inclusión educativa y social de miles de jóvenes históricamente excluidos de las posibilidades de acceder a la educación universitaria en el primer y segundo cordón del Conurbano, y, complementariamente, a la idea de que ese conjunto de universidades podría contribuir al desarrollo cultural, educativo, productivo y social de una región de desarrollo muy desigual que había sido invisibilizada por las políticas públicas durante décadas.



De más está decir que la función de contribuir a la inclusión educativa y social y al desarrollo de sus territorios no es privativa de las universidades del Conurbano. Por el contrario, forma parte de las funciones sociales del conjunto del sistema universitario. Lo que sostenemos aquí es que esas funciones se convirtieron en “marca” de las del Conurbano, lo que les dio su sentido primordial y una suerte de identidad común a universidades muy distintas entre sí, que se tradujo en principios y políticas institucionales orientadas a profundizar su implantación territorial, local, así como también a facilitar el acceso a la educación universitaria de miles de jóvenes, tanto en términos simbólicos como materiales.

En paralelo, el desarrollo de acciones conjuntas y la coordinación de actividades de investigación, formación y vinculación a través de redes, investigaciones comunes, espacios de discusión de problemas también comunes, consorcios, etcétera, contribuyó a reforzar el reconocimiento del aporte que en conjunto las “universidadesdelconurbano” podíamos y debíamos realizar para contribuir al desarrollo de esa amplia región, al tiempo que permitió dar más volumen y visibilidad a las actividades desarrolladas por universidades jóvenes y de menor tamaño que muchas de las tradicionales.

Ahora bien, el significante “universidadesdelconurbano” también se convirtió en portador de otros sentidos, algunos de ellos, basados en los prejuicios construidos sobre el propio Conurbano bonaerense, fundamentalmente a través de los medios de comunicación. Los medios, en efecto, suelen ofrecer una mirada sesgada que pretende mostrar como su única cara la pobreza, la conflictividad social, la violencia, el clientelismo, las construcciones políticas de dudosa legitimidad, el bajo nivel educativo o la corrupción. Esta operación, a la vez que invisibiliza la riqueza cultural, educativa, política y social de una región muy amplia, diversa y compleja, refuerza los prejuicios y las estigmatizaciones que se construyen sobre el Conurbano, sus instituciones, sus habitantes y también sus universidades. De este modo, la expresión “universidadesdelconurbano” fue asociada por algunos sectores y medios de comunicación con la baja calidad, el clientelismo político, la corrupción, la ineficiencia y, por supuesto, la pobreza, no solo como atributo de la población que atienden sino, por extensión, como atributo de las actividades que desarrollan.

Estos prejuicios se sobreimprimieron, en los últimos años, a una identificación política común que también se cargó de connotaciones negativas en dos sentidos. Por un lado, pretendió instalarse la idea de que estas universidades fueron creadas como centros de una actividad política que sería ajena a la dinámica propia de la política universitaria y, en tal sentido, ilegítima; por otro, se les asignó un signo político unívoco desconociendo la pluralidad y heterogeneidad propias de la vida política en las universidades.

Como dijimos al principio, está claro que el territorio de actuación de una universidad le otorga identidad (le da, de hecho, su nombre) y orienta en gran medida las actividades que lleva adelante. En este sentido, desde la Universidad Nacional de General Sarmiento reivindicamos nuestra identidad como Universidad del Conurbano. Sin embargo, debemos poner en discusión la operación que convierte esa identidad que nos da la amplia región que compartimos en una etiqueta, en una marca que omite la heterogeneidad de actividades, tradiciones, historia, formas de organización institucional y académica de las universidades, desconoce la complejidad del territorio en el que actuamos y, además, invoca prejuicios y estigmatizaciones inaceptables.

Para ello, debemos repensar también el modo en que las propias universidades del Conurbano hemos contribuido a construir una representación sesgada de nuestras instituciones. La insistencia, por ejemplo, en que recibir “estudiantes de primera generación” es uno de nuestros atributos principales y más característicos (a pesar de que es un fenómeno que compartimos con otras universidades del país, incluso en las mismas proporciones) contribuye en ocasiones a dejar en segundo plano el aporte científico, tecnológico y formativo de altísima calidad que realizamos no solo a la región del Conurbano sino al conjunto del país. Pero además –y este es el efecto, a mi juicio, más preocupante– refuerza la idea de que la pobreza o el origen socioeconómico es el principal –si no el único– atributo de los jóvenes que recibimos, lo que facilita las estigmatizaciones que las miradas prejuiciosas sobre el Conurbano asocian a la pobreza y diluye el estatus de ciudadanos y ciudadanas que llegan a las universidades a ejercer un derecho que nuestros estudiantes comparten con todos y todas las jóvenes del país.



Finalmente, también debemos estar atentos a que la vocación legítima de una universidad de responder a demandas, problemas e intereses territoriales no limite el alcance y la validez de su producción académica a ese territorio. Las universidades del Conurbano no producimos conocimiento científico solo para el Conurbano, sino desde allí, y pretendemos que lo que producimos tenga una validez reconocida por fuera de sus límites. Sin embargo, cuando se reflexiona poco sobre la idea de vinculación con el territorio puede empezar a instalarse una suerte de división de tareas dentro del sistema universitario, según la cual algunas universidades producirían un conocimiento de validez y alcance “universal”, mientras que otras habríamos sido creadas solo para producir un conocimiento de alcance local y de validez local. Esto implica no solo una especie de división del trabajo de producción científica, académica, formativa, etcétera, sino que contiene, como es evidente, una jerarquización dentro del sistema universitario que es indispensable discutir.

Notas

1 Hay, por supuesto, excepciones a esta regla. La más común es la que reemplaza la marca territorial por la identificación del campo de conocimiento específico en el que una universidad concentra toda su actividad. Es el caso de las universidades pedagógicas, tecnológicas o de artes.

2 Observatorio del Conurbano Bonaerense, Instituto del Conurbano, UNGS.

3 La Universidad Nacional de Lomas de Zamora.





 

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