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Futuro hipotecado

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Por Roberto C. Salvarezza / EL AJUSTE EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA / Argentina posee capacidades científicas y tecnológicas de enorme potencial, que pudo desarrollar gracias a la calidad de la educación universitaria, pública y gratuita: tres premios Nobel y logros trascendentes en materia nuclear, espacial, biotecnológica y TIC son parte de la larga y rica tradición de la ciencia nacional. Impulsada fuertemente durante las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sufrió un ajuste brutal en el marco del modelo económico del gobierno de Mauricio Macri. Los efectos demoledores de la desinversión sobre el sistema científico y tecnológico más avanzado de Latinoamérica como reflejo de un proyecto de país periférico y dependiente de las grandes...

EL AJUSTE EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA / Argentina posee capacidades científicas y tecnológicas de enorme potencial, que pudo desarrollar gracias a la calidad de la educación universitaria, pública y gratuita: tres premios Nobel y logros trascendentes en materia nuclear, espacial, biotecnológica y TIC son parte de la larga y rica tradición de la ciencia nacional. Impulsada fuertemente durante las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sufrió un ajuste brutal en el marco del modelo económico del gobierno de Mauricio Macri. Los efectos demoledores de la desinversión sobre el sistema científico y tecnológico más avanzado de Latinoamérica como reflejo de un proyecto de país periférico y dependiente de las grandes potencias.

Por Roberto C. Salvarezza
Doctor en bioquímica e investigador superior del CONICET. Fue presidente de este organismo desde 2012 hasta 2015. Actualmente es diputado nacional por la provincia de Buenos Aires (Frente Unidad Ciudadana).

Fotos: Sebastián Miquel

El gobierno de Macri basó su proyecto económico en la disminución progresiva del déficit fiscal, recurriendo al endeudamiento externo para sostener este proceso. La reducción del déficit fiscal durante 2016 y 2017 fue acompañada de un marcado incremento del déficit financiero, merced al pago de los servicios de la deuda externa, consecuencia del creciente endeudamiento.

A comienzos de 2018 el modelo estaba agotado. Crecientes dificultades para obtener financiamiento externo en un contexto internacional de salida de capitales de los países emergentes y errores groseros en el manejo de la crisis originaron una corrida cambiaria que llevó al gobierno a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) como prestamista final, obteniendo un crédito de 57.000 millones de dólares. El acuerdo alcanzado exigía el compromiso por parte del gobierno de llegar al déficit fiscal cero para el presupuesto 2019, a fin de garantizar el pago de la monumental deuda contraída en sus tres años de gestión. En efecto, el gobierno se endeudó en 150.000 millones de dólares, lo que llevó la deuda de Argentina del 53,3% del PBI en 2015 al 97,7% en 2019.

En este marco, Macri profundizó el ajuste que venía ejecutando en áreas socialmente sensibles, como educación y salud, y en otras que comprometen el futuro nacional, como ciencia y tecnología.

En primer lugar, debemos recordar que a mediados de 2018 el gobierno suprimió el Ministerio de Salud, el de Cultura, el de Trabajo y el de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. En consonancia, todas las partidas destinadas a estas áreas para el año 2019 fueron recortadas en términos reales. Si bien los recursos reservados a Educación y Cultura aumentaron un 14%, a Salud un 31% y a Ciencia y Tecnología un 30%, la inflación utilizada para el cálculo del presupuesto fue del 34,8% (finalmente resultó del 47,6%). Significativamente, el gasto en el pago de los servicios de la deuda se incrementó un 49%.

En educación inicial, primaria y secundaria se recortaron los programas de infraestructura escolar, de formación docente, socioeducativos y el presupuesto de las escuelas técnicas, entre otros.

En el caso de la educación superior, las universidades nacionales están sufriendo un ajuste presupuestario que se evidencia mayormente en los salarios de los docentes investigadores, pero que también ha frenado los procesos de expansión y crecimiento. Con estos escasos recursos, las universidades apenas logran cubrir los gastos básicos de funcionamiento. Por otro lado, durante la gestión anterior se crearon más de nueve universidades nacionales en zonas del país en donde no existía acceso a la educación superior. Este proceso fue suspendido completamente por la gestión de Macri.



La caída de la inversión en ciencia y técnica la podemos observar en los distintos presupuestos nacionales que el gobierno envió para su aprobación al Congreso de la Nación: pasó del 1,53% en 2016 (presupuesto diseñado por el gobierno anterior), al 1,33% en 2017, luego al 1,22% en 2018 y finalmente al 1,1% en 2019. En cifras concretas, el Estado invirtió en ciencia y tecnología en 2015 el 0,36% del PBI, es decir, unos 2.000 millones de dólares. En 2019 será apenas el 0,21% del PBI, unos 1.200 millones de dólares.

Pero la realidad puede ser aún más complicada, porque la actual Administración se caracteriza por subejecutar partidas. Así, a comienzos de este año se detectó que en el presupuesto 2018 se habían subejecutado 30.000 millones de pesos: un 22% en educación, un 32% en ciencia y técnica y un 18% en salud.

Argentina posee capacidades científicas y tecnológicas con enorme potencial, que pudo desarrollar gracias a la calidad de la educación universitaria, pública y gratuita. Nuestro sistema científico y tecnológico es el más avanzado de América Latina. La ciencia nacional tiene una rica tradición con tres premios Nobel y logros trascendentes en materia nuclear, espacial, biotecnológica y TIC, que fueron impulsadas fuertemente en los doce años de gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner (2003-2015). Partiendo de una tasa de 1,43 investigadores cada mil habitantes de Población Económicamente Activa (PEA) en 2003, Argentina alcanzó una tasa de tres investigadores cada mil PEA en 2015, la mejor cifra de Latinoamérica, consolidando un sistema que pretendía comenzar a impactar en el desarrollo económico del país.

El efecto que tiene la desinversión en el sector llevada a cabo desde la asunción de Macri es demoledor. Los 800 millones de dólares que dejó de invertir el gobierno en el período 2016-2019 implicaron menos vacantes para jóvenes científicos y científicas en el CONICET, congelamiento de la planta en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), despidos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y en otros organismos como el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). También ocasionó la cancelación de proyectos de investigación en todas las disciplinas, dificultades para la compra de equipamiento, serios problemas para mantener en funcionamiento los centros e institutos del CONICET (el 90% es de doble dependencia con universidades nacionales) y la suspensión casi total de nuevas obras de infraestructura.

Por otro lado, los salarios están cada vez más deprimidos y los estipendios de las becas están al límite de la línea de pobreza. Este panorama desalentador motivó el comienzo de otro nuevo éxodo de jóvenes altamente calificados que migran a países centrales en busca de mejores condiciones laborales.

Durante el kirchnerismo, la repatriación de científicos y científicas fue una política de Estado a través del programa Raíces: entre 2003 y mediados de 2016 volvieron 1.299, un promedio de 102 por año. Desde la asunción Macri, la caída fue abrupta. En 2017, los repatriados fueron dos, y en 2018, cuatro. Esto significa que muchos investigadores no regresan porque el contexto es desolador. Aquellos que volvieron hoy no pueden realizar sus tareas por el brutal ajuste al que es sometido el sistema científico y tecnológico, y evalúan volver a emigrar.

Como sosteníamos al comienzo, Macri ha convertido a la Argentina en un país periférico y dependiente de las grandes potencias. La desinversión en áreas claves como educación y ciencia y tecnología, que son consideradas un gasto, lo confirma.

Con estas políticas de ajuste, el gobierno pierde recursos humanos, a cuya formación se destinó una considerable inversión durante muchos años, e hipoteca el futuro de la Argentina.





 

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