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Cuando Freire visitó la Argentina

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MEMORIAS (Por Darío G. Martínez) / Referencia ineludible en el campo de la educación y figura constitutiva de las memorias de las que estamos hechos quienes habitamos América Latina y aspiramos a la construcción de un horizonte político soberano, Paulo Freire visitó nuestro país en tres oportunidades. La primera de ellas tuvo lugar en 1973, durante la presidencia de Héctor Cámpora, cuando se encontraba en el exilio y fue invitado a Buenos Aires por el entonces ministro de Educación, Jorge Taiana, en tiempos en que su Pedagogía del oprimido marcaba el diseño de políticas tales como la emblemática Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR)...
MEMORIAS (Por Darío G. Martínez) / Referencia ineludible en el campo de la educación y figura constitutiva de las memorias de las que estamos hechos quienes habitamos América Latina y aspiramos a la construcción de un horizonte político soberano, Paulo Freire visitó nuestro país en tres oportunidades. La primera de ellas tuvo lugar en 1973, durante la presidencia de Héctor Cámpora, cuando se encontraba en el exilio y fue invitado a Buenos Aires por el entonces ministro de Educación, Jorge Taiana, en tiempos en que su Pedagogía del oprimido marcaba el diseño de políticas tales como la emblemática Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR). Remembranzas de esa histórica visita, en un contexto en que la aspiración a aquel horizonte vuelve a ser objeto de los embates de las derechas autóctonas, de la mano de Darío Martínez.

Por Darío G. Martínez
Doctor en Comunicación. Comedi (FPyCS-UNLP).

Fotos: Sebastián Miquel

Cuando se menciona la problemática de educación en América Latina, la referencia a Paulo Freire se transforma en un hito ineludible para todos los debates. Citado por el amplio espectro político, su palabra puede convertirse en un significante vacío, tal como lo sostiene la pedagoga argentina Lidia Rodríguez. Freire se vuelve consigna de protesta o metodología lúdica en situaciones de enseñanza, solo por mencionar dos de las posiciones más frecuentes en sus invocaciones, según los enfoques de enunciación política.

Una de las vías de entrada de la obra de Freire en nuestro país se originó por la labor de comunidades eclesiales de base que tenían un trabajo territorial de consideración durante los años sesenta y setenta. Ahora bien, ¿Paulo Freire visitó alguna vez la Argentina? Es probable que haya tenido algún tránsito corto e incógnito durante su exilio, donde hay estadías prolongadas en Bolivia y en Chile, para luego vivir en Suiza. Su exilio duró desde abril de 1964 hasta 1980.

Las visitas públicas que se pudieron recomponer en la Argentina fueron tres. La primera de ellas ocurrió durante la gestión de Jorge Taiana al frente del Ministerio de Educación (1973-1974) en la presidencia de Héctor Cámpora. La segunda ocurrió en abril de 1985, cuando dictó una conferencia en el Centro Cultural San Martín, cuyo registro tomó la revista Vivencia Educativa. La última fue en el año 1993, cuando recibió el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional de San Luis, donde dio una serie de conferencias que quedaron registradas en la publicación El grito manso.

La primera visita

En agosto de 1973, durante la presidencia de Héctor Cámpora, Paulo Freire recibió la llamada del ministro de Educación Jorge Taiana para invitarlo a Buenos Aires. La propuesta consistía en venir a trabajar en instancias de capacitación para las diversas líneas de gestión del Ministerio. Una de las políticas más emblemáticas fue la Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR). La CREAR se concibió inicialmente como una campaña de alfabetización para hombres y mujeres, aunque se proponía como un punto de partida que reestructurara todo el sistema educativo de la Argentina. Dependía de la Dirección Nacional de Educación del Adulto (DINEA), cuyo director era Carlos Grosso, y tenía una amplia participación de sectores jóvenes que se encargaban de realizar acciones de alfabetización. Por ejemplo, el profesor Alberto Sileoni –ministro de Educación de la Nación durante el período 2009-2015– formó parte de los equipos que realizaron acciones territoriales de educación popular.

¿En qué contexto se produjo la visita de Freire? Para ilustrar, veamos las palabras del ministro Taiana al lanzar la CREAR, luego de caracterizar la situación del analfabetismo mundial: “Se trata no de enseñar como de aprender, de llegar a la conclusión de que el mundo no se divide en educadores que saben y educandos que aprenden sino de reconocer que hay una estrecha interrelación. Nadie enseña en forma absoluta y nadie se limita a aprender, el que enseña también aprende y el que está aprendiendo está enseñando. Además, no hay edades fijas para aprender y edades fijas para aplicar lo que se aprendió”. Las resonancias de Pedagogía del oprimido son evidentes. Con variados matices, si se leen las producciones y los discursos de la gestión del Ministerio, estas palabras eran una constante antes que la excepción.

La llegada de Paulo Freire a la Argentina tuvo sus contratiempos por la remota posibilidad de que fuera detenido en territorio brasileño. Jorge Taiana (hijo), excanciller, fue el encargado de realizar las gestiones para traerlo y acompañarlo en su vuelo desde Ginebra. Entre las exigencias que puso Freire estaba no trabajar de noche y aprovechar esas jornadas para asistir a espectáculos de tango en Buenos Aires. En Pedagogía de la esperanza, enumera el conjunto de acciones que realizó esa semana de 1973: encuentros con los rectores de todas las universidades nacionales, capacitación a todos los equipos técnicos del Ministerio, una reunión con un grupo popular en una zona periférica de Buenos Aires y una “trasnochada” con militantes políticos.



El maestro Orlando “Nano” Balbo cuenta cómo fue ese encuentro del grupo de coordinadores de la CREAR de todo el país con el profesor Freire. Se los convocó a Buenos Aires para una capacitación. Estaban reunidos todos los equipos y llegó el ministro Taiana, quien les presentó a Paulo Freire. Nano cuenta que todos, alfabetizadores, se quedaron mudos por la presencia de tamaña figura, a la que solo conocían por haber leído sus libros. Luego, ya vencida la timidez generalizada, pudieron dar comienzo a la capacitación.

Las memorias

Esta iniciativa de formación del ministro Taiana refleja una serie de antagonismos que estaban en pugna en la vida política de entonces. El propio Freire relató:

"En una de las reuniones que tuve con los técnicos del Ministerio, por ejemplo, había un policía infiltrado que hasta me hizo preguntas provocativas. Luego de los trabajos, uno de los educadores me comunicó el hecho entre sorprendido e irritado […] Aun cuando lo que los educadores y las educadoras conversaban conmigo era de público conocimiento, la presencia del policía significaba más que lo que él pudiese hacer con nuestro diálogo. Su presencia revelaba el desequilibrio entre el poder y el gobierno. Al fin y al cabo, aquella era una reunión oficial, patrocinada por el gobierno, convocada por el Ministerio de Educación, y aún así los órganos de represión tenían el poder de infiltrarse y vigilarla".

Esta jornada de trabajo de Freire en la gestión de Taiana fue un hito de un proceso de educación popular que ya venía gestándose. Lejos estuvo de constituirse como un proyecto de cúpulas, sino que más bien se apuntaba a la reformulación del sistema público de enseñanza, que abarcaba todo los niveles. Entre otras acciones estratégicas se llegó a diseñar la propuesta para una señal de televisión que estuviera bajo los designios del Ministerio de Educación. Se trataba del Canal 4, y Nicolás Casullo fue propuesto como su director.

Más allá de los vaivenes de la política de Estado, fue la dictadura cívico-militar la encargada de coartar las posibilidades de continuidad de este tipo de políticas. Educadores que participaron de la CREAR y técnicos del Ministerio de Educación fueron perseguidos, torturados y desaparecidos por los militares. Entre quienes trabajaron allí todavía circulan relatos de maniobras de grupos de tareas que recolectaban materiales educativos para destrozarlos clandestinamente. Pedagogía del oprimido fue un libro prohibido durante la dictadura, escondido o enterrado para que no se convirtiera en motivo para ser detenido. Nano Balbo cuenta que el militar Raúl Guglielminetti tenía un particular interés por saber quién era Freire y qué actividades se hacían con la CREAR en Neuquén. Las sesiones de tortura de Guglielminetti dejaron sordo a Nano, tal como afirma en el libro que le relata a Guillermo Saccomanno.

Los relatos de estas experiencias, la recopilación de materiales y la actualización de lecturas se conjugan en una certeza. La figura poliédrica de Paulo Freire se constituye en una de las memorias de las que estamos hechos los que habitamos América Latina y aspiramos a la construcción de un horizonte político soberano, donde la emancipación sea algo más que una retórica para constituirse en un sueño de un arco social diverso y múltiple. Esas aspiraciones son víctimas de embates de las derechas autóctonas, que se materializan con la declaración de Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil que planteó en la campaña electoral su deseo de entrar con un lanzallamas en el Ministerio de Educación para eliminar todo lo que tuviera como referencia a Paulo Freire. También otras expresiones políticas, con pretensiones de modernidad en sus gestos visibles pero cínicas en sus fundamentos, buscan descontextualizar la perspectiva crítica freireana para encasillarla en técnicas lúdicas que hasta las multinacionales podrían usar para la formación de sus empleados. Un claro ejemplo de esto son las acciones realizadas en materia educativa por el gobierno de Mauricio Macri, donde se concibe lo educativo como un desprendimiento de la responsabilidad social empresaria.

La memoria de Paulo Freire siempre deja abierta la posibilidad –tal como lo sostuvo en toda su obra– de que elijamos cómo queremos nombrarnos quienes vivimos en América Latina. Eso es un proyecto político y educativo desde el sur. Donde nombrarnos como nosotres queremos implica también dar una disputa por quién se queda con el excedente de lo que se produce en nuestro suelo y cómo deseamos vivir.







 

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